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Presidente de la República Gabriel Boric Font conmemora Día Internacional de los Derechos Humanos

La actividad, que se realizó en el Centro Cultural Palacio de La Moneda, contó con la participación de la ministra de Justicia, Marcela Ríos, la coordinadora de residente de la ONU en Chile, María José Torres, la ex-Presidenta Michelle Bachelet y el director (i) del Centro Cultural, Pablo Brugnoli. 


El Presidente de la República, Gabriel Boric Font, junto a la ministra de Justicia, Marcela Ríos, encabezaron la conmemoración del Día Internacional de los Derechos Humanos en un acto realizado dependencias del Centro Cultural La Moneda.

De la actividad también participó coordinadora residente de la ONU en Chile, María José Torres, la ex-Presidenta y ex-Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet y el director ejecutivo interino del Centro Cultural la Moneda, Pablo Brugnoli.

A continuación el discurso del Presidente de la República, Gabriel Boric Font: 

Muchísimas gracias a todas y a todos por estar acá, a todos nuestros Ministros y Subsecretarios. Saludo, en particular, a María José, a Jan Jarab; muchas gracias Pablo, por ser anfitrión de este hermoso lugar y espacio de encuentro; a Nancy Yáñez, hoy día presidenta del Tribunal Constitucional, pero una gran luchadora por los derechos humanos también; por cierto, a nuestra Ministra de Justicia Marcela Ríos, me pone orgulloso escuchar tus palabras porque es el trabajo colectivo que representa lo que estamos haciendo y las convicciones que tenemos como Gobierno; y que representa también el tremendo trabajo que ha hecho la Subsecretaria Haydee Oberreuter, que te agradezco mucho también la tremenda pega que estás liderando; y, también, saludo al Subsecretario de Justicia.
 
Por cierto, para mí es un honor hablar después de la ex Presidenta Michelle Bachelet y le agradezco su tremenda generosidad, la generosidad que ha tenido conmigo en compartir su experiencia, su aprendizaje y su tremenda experiencia no solamente en el cargo de hoy día habito, sino también en esa lucha larga por la defensa de los derechos humanos que ella con tantas otras y otros han llevado adelante y en donde me queda marcada una frase que dice en su discurso: “la irrelevancia de los egos no tiene cabida esa”. Esa irrelevancia de los egos invito a que todos nos la cuestionemos si es que en algunos momentos estamos aportando a ella. Ojalá que ésta no primara cuando es momento de llegar a acuerdos importantes.
 
Coincido en que la potencia de la lucha por los derechos humanos viene casi siempre desde las organizaciones de la sociedad civil, de su empeño incansable por buscar la verdad, de su porfía para no aceptar respuestas a medias, de su empecinamiento por recordarle al Estado las tareas que tiene pendientes.
 
Y en eso, también, agradezco profundamente la labor que cumplen instituciones que, lo decíamos hace poquito, hace un par de días, muchas veces incomodan al Estado y, por lo tanto, son necesarias para el Estado. Pienso, por cierto, en el INDH, veo a Consuelo, su presidenta, que ha tenido un rol tan importante en sus informes anuales y en su trabajo permanente en la defensa de derechos humanos y, también, en la Defensoría de la Niñez donde está, también, acá su Defensora Patricia Muñoz, tremendo trabajo, a quienes agradezco.
 
Coincido en que este encuentro debe servir también como homenaje a la tarea que han desempeñado históricamente las Agrupaciones de Víctimas y Familiares: Alicia, Gaby, Lorena, en su nombre toda la gente que, durante tanto, tanto, tanto tiempo han dado la pelea por justicia, por verdad, por dignidad. Ustedes nos inspiran y le dan sentido también a nuestro trabajo y no olvidamos, tal como dije el sábado pasado, que, gracias a ustedes, gracias a su lucha y a la de sus familiares es que hoy día nosotros, como generación, también estamos aquí presentes.
 
En diciembre de 1955, Gabriela Mistral leyó en las Naciones Unidas, en Nueva York, su mensaje para la celebración del aniversario de la Declaración de los Derechos Humanos. Esa fue una de sus últimas intervenciones públicas y los invito, después cuando lleguen a sus casas, a buscarla porque es una intervención preciosa que nos interpela hasta el día de hoy:
 
“Dos palabras bajaron hacia las multitudes de varias naciones y de millones de hombres y mujeres, son esas palabras las que celebramos hoy en la forma de los derechos humanos. La consagración universal de los derechos humanos en la Declaración de 1948 -agregaba Gabriela- es un triunfo tan precioso como cabal para la humanidad”.
 
Y hoy día, tal como en 1948, tal como en 1955 o como en 1978, cuando el Cardenal Raúl Silva Henríquez organizó en plena Dictadura el Simposio Internacional por los Derechos Humanos, en donde ahí -perdonen, me imagino que es de esa época, pero se me vino a la cabeza recién un texto de Roberto Matta cantado por Quilapayún, sobre el Simposio Internacional de los Derechos Humanos que es tremendo, que también les recomiendo escucharlo y que nos interpela mucho- ese acto nos recuerda que, a través de las palabras del Cardenal Raúl Silva Henríquez, “todo hombre y mujer tienen derecho a ser persona”, algo tan simple, que parece tan obvio, pero que por lo mismo, a veces, corre el riesgo de ser olvidado.
 
Sabemos que los derechos humanos, como nos recordaba Consuelo Contreras, el 10 de diciembre, el sábado, son no solamente un límite a la acción del Estado, sino que condición necesaria para el desarrollo, condición necesaria para una democracia plena y sabemos, también, que no hay democracia allí donde los derechos humanos proclamados hace casi 75 años no se respeten o se respeten sólo parcialmente.
 
Hoy día, comparto con la ex Presidenta Michelle Bachelet, vemos con preocupación, y también en las palabras de María José, que ese consenso fundamental retrocede en algunas partes, retrocede en algunos sectores. Lo vimos, por ejemplo, en la discusión del Presupuesto cuando se jugó por el presupuesto del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos. Y como despuntan también en nuestra Patria posturas que tienden a relativizar no sólo las atrocidades cometidas hace sólo 50 años, sino la validez misma de ese triunfo tan precioso como cabal, al decir de Gabriela.
 
Por cierto, en el mundo de hoy que nos toca habitar no basta con hacer solamente declaraciones de principios. Todos los días debemos comprometer nuestro esfuerzo para que los derechos humanos sean realidad en nuestra Patria en todo momento y lugar. Y ahí sabemos que, como Estado y hoy día como representantes de ese Estado, tenemos tarea pendiente, tenemos que perseverar en la lucha contra la impunidad y el olvido como principales garantías de no repetición.
 
Y tal como debemos reforzar nuestros esfuerzos por la justicia, la verdad y la no repetición debemos, también, pensar en cómo ocupar, recuperar esos espacios en donde la ausencia del Estado ha hecho sentir, desde ya, que hay ciudadanos de primera y segunda categoría. El abandono de las poblaciones, la precarización de la vida, la violencia y la discriminación también atentan, hoy, contra los derechos humanos.
 
Tenemos, afortunadamente, una institucionalidad que se ha ido consolidando a través del tiempo y que es nuestro rol, como gobernantes hoy día, seguir fortaleciendo: la Subsecretaría de Derechos Humanos, el Plan Nacional de Derechos Humanos, el Instituto Nacional de Derechos Humanos, autónomo y vigilante, el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos que cumple, entre otras cosas, una labor educativa fundamental no solamente en Santiago, sino también con giras permanentes a regiones y, por cierto, las organizaciones de la sociedad civil que se han comprometido con su promoción y defensa.
 
Por supuesto, podemos hacer mucho más, vamos a hacer mucho más y tengo la confianza en que la conmemoración de los 50 años del quiebre democrático de Chile por parte de las Fuerzas Armadas, con la complicidad de un sector de la política chilena, que arrasó con tantas vidas y proyectos de vida va a ser una oportunidad para poder poner en valor la vigencia universal de los derechos humanos.
 
Esta conmemoración de medio siglo del Golpe de Estado la vemos como una oportunidad para abrir espacios de diálogo, de memoria, también de creatividad, pensando en el futuro. Un momento para celebrar la solidaridad internacional.
 
Hay algo que decía la ex Presidenta que me parece que es muy interesante que, en 1980, cuando se forma, no recuerdo el nombre de la institucionalidad, pero la institucionalidad de la ONU para las desapariciones forzadas es, a propósito, de la experiencia chilena. Y ahí, también, la solidaria internacional que conmovió al mundo fue tremendamente importante. Los 50 años del Golpe va a ser un momento para recordar aquello y proyectarlo hacia el futuro, también.
 
Quiero que sepan que aprendimos, también, como generación a valorar la democracia en términos absolutos y que una de las enseñanzas de la brutal Dictadura que tuvimos en Chile es que no hay relativización posible para los derechos humanos como, también, desgraciadamente, vimos de parte algunos sectores durante el Estallido Social el 2019, nunca bajo ninguna circunstancia y en ningún contexto.
 
Vamos a seguir cultivando la memoria, una memoria que movilice, que nos permita saber quiénes somos, de dónde venimos y que nos da un suelo firme para proyectar los sueños, anhelos y esperanzas del mañana.
 
En este mismo espíritu se inscribe el Plan Nacional de Búsqueda, de cuyo avance dio cuenta la Ministra Rojas. Mientras sigan faltando más de 800 personas no vamos a dejar de buscar. Nuestro compromiso es con los familiares, nuestro compromiso es con Chile para persistir en la búsqueda hasta que, por fin, podemos decir que hemos dado respuesta a la angustiosa pregunta que nos acompaña desde el mismo 11 de septiembre: aquí, arriba, “¿dónde están?”.
 
Observamos, por cierto, con preocupación el avance en diversas partes del mundo donde tendencias que cuestionan la democracia, sus valores más fundamentales y cada vez con mayor frecuencia cuestionan y relativizan los derechos humanos. Así como ayer las y los defensores de los derechos humanos, la sociedad civil, hombres y mujeres, los defendieron, hoy debemos mantener esa construcción permanente de una cultura de derechos humanos que nos permita proyectar un futuro que sea más respetuoso con la vida y la dignidad humana.
 
Y, para ello, en primerísimo lugar, con las organizaciones y agrupaciones de la sociedad civil que con su perseverancia nos empujan a hacer siempre un poquito más, a ir ampliando las fronteras de lo que entendemos posible. Fueron ustedes los que mantuvieron viva la lucha por la justicia en los peores tiempos que viviera nuestra Patria y nuestro homenaje, hoy día, es estar a la altura de esa lucha y a la altura de esa esperanza.
 
Muchísimas gracias a todos y a todas.

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